Se hace necesario desacelerar los ritmos en educación. Lo que voy a contar aquí no es nada nuevo, es fruto de unas profundas reflexiones acerca de mi propia práctica docente e influenciado por las lecturas de Elogio de la lentitud de Carl Honoré y Elogio de la educación lenta de Joan Domènech. Estas reflexiones las hago con una actitud crítica con la que pretendo, no inventar un nuevo modelo educativo, sino que me ayuden a interpretar la realidad y no maquillarla.

Me declaro un defensor de la Escuela Pública, pero no sólo eso, sino De calidad. Lo que tengo muy claro en este contexto es que son los alumnos los más indefensos del sistema. La labor educativa tiene que estar centrada en ayudarles a crecer. En que construyan ellos mismos, a través del esfuerzo, unos aprendizajes hechos en profundidad. Me da la sensación de, que ante las continuas reformas educativas que estamos sufriendo en los últimos años, que tenemos una escuela acelerada, con programas sobrecargados y con objetivos pensados para ser alcanzados antes de tiempo. Con este sistema corremos el riesgo de que nuestros alumnos realicen aprendizajes superficiales, es decir, estudiar para el exámen.

El proceso educativo para que sea de calidad, ha de ser lento. Pero lento aquí significa desacelerar para volver a darle el tiempo justo, su tiempo, a cada proceso. Eso es la calidad. En la mitología griega, Kairos es el tiempo que duran los acontecimientos. Es un tiempo natural. En cambio, Cronos es el dios que mide esos mismos acontecimientos. Cronos es el dios que devora a sus propios hijos. En la sociedad actual lo podemos interpretar como que hemos sido colonizados por el tiempo, por los relojes, por Cronos. Por eso, declaro que mi mayor enemigo en estos momentos es el reloj.

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